Entró en el cuarto con la decisión tomada, era el momento de marchar, sacó del closet su antiguo bolso deportivo azul, y comenzó a meter en él, lágrimas y ropa, hasta que las primeras se acabaron y las segundas coparon la capacidad del envoltorio.
Se lo colgó del hombro, metió en los bolsillos de sus jeans las fotos del velador, tomó el chaquetón de castilla y salió raudamente del cuarto, su destino, incierto, en principio atravesar la cordillera y alejarse de ella lo más posible.
No tenía otra posibilidad, o se iba, o nuevamente lo iban a apresar y el regimiento de Tejas verdes, no era algo que deseara volver a ver.
Quería dejar atrás la Digeder ese el organismo estatal, a cargo de la difusión nacional del deporte donde trabajaba, en él debía organizar los talleres deportivos para trabajadores en las fábricas, en las actuales circunstancias, eso era considerado un trabajo político y hasta insurreccional.
Todo comenzó en el pedagógico, cuando el profe de deporte, en su último año de la carrera le ofreció ese trabajo para la temporada estival, lo hizo más entusiasmada que eficientemente, pero era una oportunidad que no se podía desaprovechar, si su norte eran las clases en un colegio de la capital, esta posibilidad era superior a sus expectativas, no sólo por el sueldo de por sí sustancioso, sino por las proyecciones laborales que tenía.
Además permitiría acelerar los planes con Paula, la novia universitaria, la esperaría a que terminara el año faltante de su carrera, mientras Juan se consolidaba en ese nuevo horizonte laboral.
Pero todo fue interrumpido por el golpe, la verdad es que él no se interesaba en la política, lo suyo era otra cosa "...el deporte, no tiene posición política, es bueno para todos??, pensaba Juan, pero no todos suponían lo mismo, se lo hicieron saber el lunes en que se reintegró al trabajo. Fue recibido por un comité cívico militar que sin explicaciones lo subió a un camión donde se encontró con parte de su equipo.
Don Pedro, el Pepe, Mario, casi el equipo completo, ??..profe! ¿Que hace aquí?..?" Preguntaron con asombro e incredulidad, el profe sólo buscó un asiento en una esquina y se sentó, bajó su cabeza entre los hombros, el camión emprendió la marcha??
Desapareció por tres meses, nadie supo nunca de él, simplemente un día regresó al hogar a recoger sus enseres personales, a llenar el bolso azul, no dejó una carta, tampoco un comentario, sólo largarse, huir mas allá de los andes, abandonar lo querido, a Paula a y sus familiares, irse, dejarlo todo.
En Buenos Aires las cosas no eran fáciles, pudo comenzó a trabajar de obrero de la construcción, a extrañar a Paula y a formar parte de una cuadrilla que debía derribar un viejo edificio, en la calle Corrientes del número 348, si, como en el tango.
Lo recibieron bien, había un asado y también vino, se le destinó un cuarto de madera como habitación, al final de la hilera, tenía una cama, un banco y ciertos compañeros inesperados que sólo las noches le iban a permitir conocer.
Su día empezaba a las ocho, con un gran mazo llamado ?combo? las emprendía a golpes a las añosas paredes, golpe tras golpe, frenéticamente, uno tras otro, golpear y golpear, casi no hablaba, sólo aporrear paredes, destruir ladrillos. Pensar en Paula, paraba al almuerzo, eso permitía compartir con los otros obreros. Los temas casi siempre los mismos, carnes, vino y mujeres.
Al poco tiempo supieron que era profesor, eso le dio un estatus diferente, de hecho su profesión pasó a ser su nombre, era ?el profesor?, se convirtió en el encargado de los discursos y las palabras sentidas, posiblemente por su sentida e inseparable melancolía, luego nuevamente a golpear antiguas paredes de ladrillo, eran los momentos que tenía para pensar, en su patria, en Paula, no habían noticias de Chile, solo golpes, literalmente.
La noche tenía su afán, al atardecer se sentaba en el alfeizar de su pieza, un vaso de agua, mirando fijamente las nubes del atardecer, en ellas buscaba el rostro amado, el cansancio físico lo entumecía progresivamente, hora de acostarse, había que disputar el catre con cucarachas y ratas, que transitaban libremente por las provisorias viviendas, la noche era un continuo luchar en contra de las primeras, las segundas, sabía él que se desplazaban por el piso raudamente.
Era el primero en levantarse en la madrugada, las manchas rojizas de su torso y espalda daban cuenta de una batalla perdida, se inicia un nuevo día, nuevos golpes, tristeza, carne y vino. ¿Qué será Paula?
En una de las mañana, entre polvo y sudor lo llama el capataz, Juan se limpia el sudor de la frente y camina cruzando parte de la obra, cubierto de ese polvillo que se adhería a la piel dándole un matiz plomizo, -Toma de dice el capataz y le adelanta una arrugada carta, la trajeron unos amigos que sabían que andabas por acá le señala. Silencioso como siempre, el profesor obrero levanta su mano y mira el sobre, en él reconoce la letra de la amada, rasga el añoso envoltorio y se sienta en la sombra, comienza a leer.
Luego Juan vuelve al trabajo, toma nuevamente el combo y reinicia sus ya rutinarios golpes a los muros, pasan las horas, a media tarde deja sus herramientas de trabajo y marcha presuroso a los baños, una rápida ducha para entrar presuroso a su hogar de madera, toma el bolso azul, las fotos, la ropa, sale presuroso se acerca al capataz y le solicita la cancelación del jornal, - vuelvo a Chile le señala, es urgente.
Ya era noche cuando logra subirse al avión en Ezeiza, los paisajes oscuros brillaban como los ojos de Paula, cerró los suyos y pensaba en nombres, pensando, pensando. A medianoche llega a Pudahuel, desciende de los primeros, con su bolso al hombro se coloca en la fila de ingreso, entrega sus documentos en la ventanilla, no hay equipaje que retirar, recibe los papeles y un formal ? ?? buen día, bienvenido a Chile?? le señala el funcionario, se acerca a la aduana, deja su bolso en la correa transportadora y lo retira a los pocos metros, lo toma y se traslada a la salida, camina por el pasillo y sale a la puerta del aeropuerto, el frio de la capital lo recibe bruscamente, recuerda que hay unas micros que lo llevarán al centro de Santiago, vislumbra una de ellas y se desplaza a su encuentro.
Es bruscamente interceptado por una pareja de militares, quienes se acercan a él gritándole su nombre, no alcanza a darse vuelta cuando le arrebatan el equipaje y lo empujan a la pared, lo encañonan, confirman su identidad, le ponen un capuchón negro, lo toman firmemente de los brazos y los trasladan 5, 10 metros, lo suben a un vehículo, ahora gritos y órdenes, siente el ruido de un motor que se pone rápidamente en marcha, a los pocos metros siente una voz que le pregunta ? ¿Pa´que volviste infeliz, ¿no sabís lo que te espera? Juan desde la oscuridad responde ?...Paula está embarazada, voy a ser padre, el ruido del motor que acelera, acalla las risas de los soldados, entre ellas sobresale un comentario, "...que suerte tenís, hoy es el día del padre...", la camioneta se desplaza raudamente al regimiento de Tejas verdes.
